¿Qué es una Smart City?

Smart City Expo World Congress en Fira Barcelona 2015

Aunque se dice que las “Smart Cities” o “ciudades inteligentes” son las ciudades del futuro, no está muy claro cuál es el origen del concepto “Smart City”. De hecho, entre sus detractores, se critica que su origen está ligado a entidades privadas, cuyo objetivo es lucrarse a base de vender la última tecnología a los gobernantes de las ciudades. Pero si pensamos en ello, sin dar importancia al origen del término o de la idea de “Smart City”, es cierto que hoy en día y de cara al futuro, necesitamos de ciudades más eficientes, que gestionen mejor sus recursos, servicios y tecnologías y, lo mejor de todo, que los pongan al servicio del ciudadano, que es el que cobrará protagonismo y permitirá una mejor gestión y eficiencia de la ciudad.

Aglomeración de gente en torno a la instalación del primer semáforo de la ciudad de Londres en 1931

Se prevé que en el 2050 un 85% de la población mundial viva en ciudades. Este hecho hace que en las siguientes décadas los núcleos urbanos tengan que afrontar un número creciente de problemas ligados a este hecho, como:

  • El abastecimiento energético.
  • Las emisiones de CO2.
  • La planificación de los sistemas de movilidad.
  • La provisión de bienes y materias primas.
  • La prestación de servicios sanitarios y de seguridad a todos quienes residan en estos enormes y masificados centros de población. 

Modelo de Smart City

Las Smart Cities surgen para tratar esta problemática que los sistemas actuales y tradicionales no consiguen controlar. Con ciudades tan grandes y tan pobladas, el recurso a las nuevas tecnologías para complementar su gestión e incluso su construcción se vuelve algo necesario. El objetivo son ciudades sostenibles económica, social y medioambientalmente. Generalmente, el modelo ideal de una ciudad inteligente se basa, principalmente, en la incorporación de una serie de subsistemas y tecnologías que citamos a continuación: 

  • Generación energética distribuida (micro-generación).
  • Smart Grids: redes inteligentes interconectadas y bidireccionales.
  • Smart Metering: medición inteligente de los datos de gasto energético.
  • Smart Buildings: edificios ecoeficientes con sistemas de producción de energía integrados.
  • Smart Sensors: sensores inteligentes para recopilar datos y mantener la ciudad conectada.
  • eMobility: implantación del vehículo eléctrico.
  • Tecnologias de la información y la comunicación (TIC): Permitirán a ciudadanos y entidades administrativas participar en el control de la ciudad.
  • Smart Citizen : Los ciudadanos son la pieza clave de una Smart City.

Dholera SIR, proyecto de Smart City en India. 

Como podemos ver, todo parece muy “smart”. Pero, ¿cuál será el impacto que la adopción de las tecnologías por parte de las ciudades tendrá en el día a día de las personas que viven en ellas? Paradójicamente, esta es una pregunta cuya respuesta aún no está del todo clara. Este enfoque, en el que se recurre únicamente, o mayoritariamente, a la incorporación de nuevas tecnologías para conseguir una Smart City ha demostrado ser demasiado simplista. Los ciudadanos y las ciudades son entes complejos que no pueden simplificarse ni mecanizarse. Por ello, las Smart Cities deben, principalmente, proveer a sus habitantes de la posibilidad de una mayor participación en la gestión y la mejora de la ciudad.

Centro de control de la ciudad de Río de Janeiro, sistema instalado por IBM

En caso contrario, podríamos encontrarnos con ciudades equipadas con sensores que permiten un control excesivo sobre la ciudadanía, políticos que toman decisiones amparándose en “lo que dicen los datos” y que por tanto rehuyen de su responsabilidad, o grandes firmas tecnológicas diseñando las mejores soluciones para las ciudades al margen de sus habitantes, entidades sociales y Gobiernos.

Songdo en Corea del Sur fue construida según el concepto tradicional de Smart City, todos sus edificios cuentan con control climático automatizado, control de acceso conectado a un ordenador central y toda una red de sensores en sus tuberías y redes de suministro que permiten ajustarlas según la demanda o detectar fallos.

Por todo esto, después de unos años en los que la perspectiva dominante en las Smart Cities ha sido la tecnológica, últimamente han ganando protagonismo aquellos planteamientos que ponen el foco en el ciudadano como epicentro. Hablamos de un ciudadano inteligente que hace un uso activo de todas las herramientas que tiene a su alcance y que protagoniza su condición de ciudadanía con una tecnología que le permite reapropiarse de la ciudad, de sus espacios públicos y de sus servicios.

Video explicativo de uno de los sistemas "smart" integrados en la ciudad de Tel Aviv, smartest city 2014.

Es fundamental facilitar y promover el acceso a herramientas y mecanismos que permitan el codiseño de las ciudades. No sólo otorgar a los habitantes un rol pasivo como usuarios de las tecnologías, sino aprovechar su condición de ciudadanos inteligentes e involucrarles en un proceso compartido.

Thingful, un buscador del Internet de las cosas, permite mantenernos actualizados sobre nuestros intereses.

Por otro lado, no se trata sólo de integrar tecnologías. En las ciudades de hoy, todavía existen propuestas urbanísticas, como la peatonalización de zonas céntricas, o de otros ámbitos, que pueden tener una mayor repercusión “smart” que la propia tecnología. Muchas de las herramientas tecnológicas que se quieren implementar en ciudades, se han desarrollado al margen de lo público, al margen de la política y de la población ¿Hasta qué punto los ciudadanos permitirán que la tecnología les invada de sensores y se integre en sus actividades diarias? ¿Nos sentiríamos cómodos si estuviéramos monitorizados continuamente? Como propuso Koolhaas, hablando de este mismo tema, a este paso puede que acabe siendo necesario introducir células de aislamiento en las viviendas del futuro, jaulas de Faraday en las que estemos libres de sensores, redes y de toda clase de monitorización tecnológica.