La mejor forma de iluminar tu vivienda

La luz es una parte esencial de la arquitectura. Cambiar la iluminación de un espacio o estancia puede cambiar bruscamente la manera en la que percibimos ese lugar e incluso el uso que le vamos a dar.

La luz natural es un factor primordial en cualquier edificio, la orientación y la apertura de huecos en fachada debe ser cuidada al milímetro en cada proyecto. Pero cuando hablamos de reformas y rehabilitaciones poco o nada se puede hacer por mejorar la iluminación natural. En la mayoría de casos, las fachadas de los edificios no pueden ser alteradas, por lo que los huecos para ventanas de nuestra vivienda tienen que quedarse en donde están y del tamaño que ya tienen.

Si buscamos cambiar la iluminación de nuestra vivienda, a la hora de reformarla, debemos centrar nuestros esfuerzos en la iluminación artificial. La luz que aportan las luminarias a nuestros hogares es fácilmente alterable, por lo que nos permite un control total sobre la iluminación de cada uno de los espacios de la vivienda.

Para poder crear un ambiente lumínico a nuestro gusto es importante conocer los tres tipos de iluminación artificial que debemos controlar, la luz general o de ambiente, la luz puntual o funcional y la luz de acentuación o decorativa. La correcta combinación de estos tres tipos de luz es clave para lograr una iluminación perfecta en nuestra vivienda.

Luz general o de ambiente

Es la iluminación principal de la casa, la correspondiente a focos empotrados, lámparas y, en general, iluminación cenital. Se trata de una luz homogénea, cuyo objetivo es el de sustituir la luz natural cuando esta está ausente. Debe ser una luz que no genere atención, una luz lo más natural y plana posible, que permita un uso correcto de toda la vivienda a cualquier hora del día.

Por regla general la luz ambiente debe encontrarse entre los 100 y 200 lúmenes (flujo luminoso) por metro cuadrado. Cuando compramos una lámpara, foco o bombilla de cualquier tipo, viene indicado la cantidad de lúmenes que genera, por lo que si conocemos la cantidad de metros cuadrados de nuestra estancia a iluminar, es muy sencillo calcular la cantidad de luces que necesitaremos.

El otro factor importante en este tipo de iluminación es la tonalidad o temperatura de color. Este dato viene dado por una cantidad en Kelvin. Por debajo de 3.800 K es una luz cálida y por encima de 5.000 K se trata de una luz fría, quedando entre medias la considerada luz neutra o blanca. Para la iluminación general de nuestra vivienda es recomendable irse siempre a luces cálidas, de entre 2.800 y 3.500 Kelvin.

Luz puntual o funcional

Aunque la luz general ilumine una estancia por completo, no permite realizar ciertas tareas con comodidad. Para realizar aquellas tareas que requieren una mayor concentración visual, como estudiar, leer, cocinar… necesitamos hacer uso de las luces puntuales.

Las luces puntuales o funcionales se corresponden a una iluminación más concentrada e intensa. Su objetivo es el de ayudarnos a realizar nuestras tareas con mayor facilidad. Las luces puntuales funcionan bien cuando las usamos como luces de contraste, es decir, cuando hay una diferencia notable entre ellas y la luz general. Si la luz general es muy intensa, la luz puntual perderá su sentido.

Este tipo de luz suele ir por debajo de la general, ya sea en forma de aplique de pared, flexo de mesa o lámpara de pie, entre otros ejemplos. En general, este tipo de luz debe rondar los 500 lúmenes por metro cuadrado, aunque podemos llegar a alcanzar los 700 en zonas de trabajo manual, como coser, dibujar o cocinar.

Luz de acentuación o indirecta

Mientras que los dos tipos de luz mencionados anteriormente tienen como principal objetivo el de iluminar, la luz de acentuación crea atmósferas. Este tipo de luz no sirve para leer o realizar tareas típicas de la casa, su intensidad ronda los 50 lúmenes por metro cuadrado y, por lo tanto, no es recomendable hacer esfuerzos con la vista teniendo únicamente esta luz encendida.

Este tipo de iluminación no es estrictamente necesario en una vivienda ya que no cumple una funcionalidad directa para los habitantes de la casa, pero destaca por su capacidad para crear ambientes únicos y sorprendentes. Las candilejas, las tiras LED o los apliques que iluminan un elemento en concreto, como un cuadro, una pared, una estantería, una escultura… son ejemplos de este tipo de luz.

Estas luces deben colocarse de forma estratégica, iluminando aquellas piezas de mobiliario o zonas de la vivienda que queremos que destaquen y dejando “en las sombras” las zona menos interesantes. Gracias a la iluminación indirecta podemos crear zonas íntimas y confortables, perfectas para zonas de estar, salones y dormitorios.