Arquitectura mínima: La Torre Nakagin

Interior de una cápsula de la Torre Nakagin. Fotografía de Damjan Cvetkov-Dimitrov y Nina Geometrieva

En posts anteriores hemos hablado de la arquitectura mínima en su mínima expresión, cápsulas individuales y aisladas que cumplían con todos los requisitos para ser habitables. Pero, ¿qué respuesta da la arquitectura mínima cuando el espacio escasea y estas soluciones aisladas e inconexas no son suficiente? La Torre Nakagin del arquitecto Kisho Kurokawa, en Ginza, Tokyo, es una respuesta al problema que hemos planteado, eso sí, es un proyecto desarrollado y construido en los años 70, uno lo de los máximos exponentes del movimiento metabolista en Japón.

Vista exterior de las cápsulas de la Torre Nakagin

El proyecto de la Torre Nakagin pretendía dar respuesta al fenómeno que se estaba produciendo en Tokyo en esos años: el centro estaba saturado, una gran parte de la población debía invertir horas de transporte para llegar al centro de la ciudad desde los barrios periféricos. Estas viviendas mínimas, gracias a su buena ubicación en una zona céntrica, pretendían dar cobijo durante la semana a los ejecutivos y trabajadores, evitándoles múltiples trayectos. Por ello, hay que puntualizar, que no fueron viviendas mínimas pensadas para formar una familia o llevar una vida en pareja, ni siquiera como vivienda de un único individuo, estaban más orientadas a las necesidades de un trabajador medio japonés.

Perspectiva del interior de una de las cápsulas

El conjunto se articulaba de una forma muy sencilla. Una vez construidas los núcleos centrales, las cápsulas, prefabricadas en Osaka y transportadas hasta Tokyo en camión, se instalaban una a una mediante una grúa. Una de las claves del proyecto residía en la sencillez del anclaje entre las cápsulas y el núcleo central, ya que solo se precisaban cuatro pernos de alta resistencia.

Instalación de las cápsulas durante la construcción de la Torre Nakagin

En cuanto a la estructura de las cápsulas, se trata de un bastidor de acero de calibre ligero. El revestimiento exterior es de acero galvanizado y pintado en blanco brillante, los paneles fueron normalizados en tamaño y peso para que un trabajador pudiera manipularlos en fábrica. Las dimensiones totales de las cápsulas son de 2,50 x 4,00 x 2,50 m. Para resistir el fuego y mantener el calor, las cápsulas fueron rociadas de asbesto en capas de 45 y 30 mm de espesor. Un material que, en años posteriores, se reveló como perjudicial para la salud.

Vista exterior de la Torre Nakagin recién construida

Las dos torres que componen el complejo dan cobijo a un total de 140 cápsulas repartidas en 13 pisos. Kisho Kurokawa diferenció varios elementos en el proyecto:

  • Las torres o núcleos estructurales: Son dos estructuras portantes de hormigón y acero que albergan los ascensores, instalaciones y las zonas comunes. Se encuentran intercomunicadas cada tres pisos y fueron pensadas para tener una larga vida útil.

  • Las cápsulas/viviendas mínimas: Diseñadas para durar 25 años, momento en el cual deberían ser sustituidas, cosa que no se llegó a hacer nunca.

  • Las instalaciones: Que dan servicio a estas cápsulas y que, aunque parecería lógico que discurrieran por las torres centrales, se distribuyen por los espacios existentes entre las cápsulas. Es decir, se encuentran al aire libre y esta es una de las principales causas de su fuerte deterioro, hasta el punto de que las cápsulas ya no disponen de agua caliente y el sistema de desagüe tiene numerosas fugas.

Instalaciones ocultas en el remate superior de los núcleos estructurales

Cada una de las viviendas era personalizable en su interior, pudiéndose elegir el color del mobiliario y distintas opciones de equipamiento. Básicamente, la cápsula se dividía en zona de estar, que servía de zona de trabajo, dormitorio y cocina, y el baño. Contaba con unas facilidades similares a las de una habitación de hotel: Televisión, teléfono, equipo estéreo, cocina, mesa de trabajo, calculadora y dos armarios empotrados. Como hemos dicho, el nivel de equipamiento se podía personalizar. Cada cápsula contaba con una sola ventana circular, abatible hacia el interior.

En la idea primigenia, las cápsulas también podrían conectarse entre sí, dando lugar a espacios más grandes y con diferentes usos, pero esta idea nunca se llevó a la práctica. Aunque el sistema pretendía ser flexible a través de la renovación y sustitución de las cápsulas esta práctica tampoco se llevó nunca a cabo, las cápsulas actuales son las originales de 1972.

Acometida de desagües y demás instalaciones a las cápsulas

Entre las razones de esta falta de mantenimiento estuvo el fuerte avance de la tecnología, que provocó que, en pocos años, las viviendas quedaran tecnológicamente obsoletas y su sustitución resultase muy cara (no se podía cambiar el interior de la cápsula si no se cambiaba la cápsula entera). El complejo sistema de instalaciones es otra de las causas por las que ninguna cápsula se llegó a sustituir.

Estado actual de la Torre Nakagin

Es posible que, si hubiera sido posible modificar el interior de estas viviendas sin tener que cambiar la cápsula en su totalidad, el proyecto hubiera resistido mejor el paso de los años. El problema es que esto suponía sacrificar una de las bases del movimiento metabolista, que concebía los edificios como organismos dinámicos en continua evolución.